domingo, 17 de octubre de 2010

Insomnia

MUJER DE 40
Por Alejandra Parada


Tanto esperar el verano y ahora estoy chata con él. Si bien en el día es desesperante si uno anda en la calle –por suerte la revista es fresquita-, en la noche el calor es de pánico. Ya. Sé que parezco una exagerada y reconozco que no toda la población santiaguina sufre del acoso de los grados Celsius nocturnos. Pero yo sí. Y la razón es simple: esto de ser independiente no quita lo miedosa, así es que no me atrevo a poner la alarma sólo en el piso de abajo. La conecto a la casa entera y cierro todas las ventanas, una por una. ¿Resultado obvio? Un verdadero sauna que no termina hasta que llega la mañana. Con un promedio de 35 grados Celsius diarios, imagínense lo que son mis noches. Tórridas es poco decir.
El otro día, comentando con mis amigas el fenómeno climático, tres de cuatro me confesaron que a ellas también las estaba alterando el calor. Pero de otra manera. Habían decidido dejar de dormir con sus maridos porque no se soportaban dentro de la misma cama. ¡Horror! Uno que piensa que en esta época la libido sube y resulta que no, que el pegoteo de los cuerpos y transpirar sin transar están llevando, precisa y paradojalmente, a lo contrario. Nos reímos a gritos y estuvimos hasta tarde buscando soluciones para disfrutar del sexo sin derretirse. Bajo la ducha, pero fría. En el jardín, con los regadores automáticos prendidos. Dentro del auto, un revival que vale la pena aunque sea estacionado en el garage. Etc.
Lo más tragicómico de todo es que en estos últimos días mi situación ha empeorado precisamente por culpa de un hombre. Pero de otra calaña: tiene 8 y, como en sus vacaciones duerme hasta las 11 de la mañana, sufre de insomnio. No hay horario que valga, excusa o castigo posible… ¡no se duerme nunca! Tele apagada temprano, baño de espuma relajante, nada de compu ni de Wii después de las seis de la tarde, lectura de cuentos lo más blancos posible…¡Nada funciona!… Infaltablemente, tipo 11 de la noche suenan unos pasitos en dirección a mi pieza y la versión pequeña de Al Pacino -¿se acuerdan de la películaInsomnia?- aparece en mi pieza, pidiéndome, bien lastimeramente, ayuda para dormir. “Es que no puedo solo”. “Es que me da miedo”. “Ráscame la espalda y me duermo al tiro, pero apaga la luz primero que me desconcentra”. Total: ya no leo en las noches. Me dedico a hacer cosquillitas suaves en brazos y torso, mientras me desvelo yo y, al final, termino a las dos de la mañana sin sexo y sin sueño. Por suerte a esa hora ya está zeta y me queda toda la noche por delante para masticar, a regañadientes, la idea de que la vida es injusta. ¡A qué no!

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