domingo, 17 de octubre de 2010

Carolina Echenique: “Esto ha sido súper intenso, pero ha valido la pena”

La ganadora del premio Joven Emprendedora de Mujeres Empresarias, con su producto Tika Chips, asegura que el emprendimiento en Chile es polar, difícil y gratificante. Llena de desafíos, esta empresa la reencantó con la vida.

Recién ayer tiene un chofer repartidor. En el año que lleva vendiendo sus productos, la camioneta ha sido manejada por ella, su hermana o una cuñada. Y es que el tema de despachar sus papitas horneadas ha sido un tema.

Y anécdotas tiene para contar por montones; como que se consiguió que un conocido llevara una caja de sus snacks a Curicó y en agradecimiento le regaló un paquete para que las probara. Fue tal la fascinación del chofer que se comió la caja y el producto nunca llegó a destino.

Carolina Echenique, el nombre al frente de Tika Chips, es lo que se llama joven mujer emprendedora y por eso acaba de ser galardona con ese premio por Mujeres Empresarias.

Casada, 35 años y tres hijos (el mayor de sólo 11 años), entró en este mundo como vía para enfrentar un gran dolor personal, la muerte de su guagua a los 8 meses de embarazo. Removida hasta lo más profundo, renunció a sus clases en la universidad y decidió buscar algo que le devolviera las fuerzas. “Necesitaba reinventarme, reencantarme con la vida”, dice.

Durante un año estudió, investigó, visitó proveedores y productores, remató maquinaria, ideó en el garage de su casa y probó hasta que consiguió lo que quería: una suerte de papas fritas -sin aditivos artificiales, con baja cantidad de sal, sin grasas transgénicas, libre de sodio y de químicos-, hasta ahora inexistentes en el mercado.

Bióloga y agrónoma, experimentó con todo tipo de verduras –no intentó con frutas porque ya hay muchas opciones- y se quedó al final con dos tipos de papas, dos de camotes y una beterraga. “De repente, de un día para el otro, habían salido del horno, estaban listas”, cuenta.

Es tal la calidad del producto que ya tiene la certificación de producto sin gluten que entrega la Fundación Convivir y próximamente recibirá la de la Fundación Creciendo con Alergias.

-Supongo que ya saliste del garage.
“Sí, ya tengo una planta. La verdad es que nos estamos cambiando por tercera vez”.

-¿Tanto has crecido?
“Sí, en 10 meses, ha sido bien loco. Ha sido muy fuerte porque nunca pensé que el nicho iba a ser tan claro. Sabía que faltaba un producto, dentro de las gamas de papas fritas, de aperitivo que ayudara más en el concepto estético y que fuera más sano.
“He ido de a poco, nunca he necesitado hacerle propaganda, a la gente le ha encantado y además son preciosas, son de colores”.

El primer despacho salió a la venta en noviembre del año pasado y hoy está en más de 100 puntos de venta en Santiago y en regiones. Además de ser requeridas por hoteles cinco estrellas y tiendas gourmet, también está próxima a instalarse en el las góndolas del Jumbo.

Su crecimiento fue tan explosivo, que debió cerrar por dos meses y reestructurarse y hoy está sumando personas para que la ayuden en la administración. Un familiar, que viene llegando de un MBA y quería emprender, ingresó como socio a la empresa para hacerse cargo de la parte finanzas.

-¿Esto nunca estuvo en tus planes de vida?
(Se ríe) “No, nunca pensé terminar haciendo un alimento. Me encanta la cocina, la parte estética y crear cosas nuevas pero nunca pensé hacer un producto alimenticio. Ha sido una sorpresa”.

-¿Y alguna vez te vislumbraste empresaria?
“No, siempre pensé que me iba a dedicar a mis niños, que iba a estar en la universidad, que me encantaba, pero que el trabajo no iba a ser un hito súper importante en mi vida. Esto ha sido todo un descubrimiento y es súper entretenido”.

-¿Y tu marido que dice?
“Se mata de la risa. Encuentra que es salvaje, es lo más apoyador que hay; siempre supo que iba a estar en algo entretenido porque cuando vivimos en Boston, dos años y medio, yo vendía postres, paté... Siempre me ha gustado observar lo que a la gente le gusta y me cargan los químicos. Estoy acostumbrada a buscar alternativas sanas que a la gente le guste”.

-De comer sano a tener una empresa hay un gran trecho. Son palabras mayores.
“Fue algo inesperado, pero, al mismo tiempo, cuando vi Tika, dije esto es lo mío. No tuve nunca una duda y me tiré a la piscina con todo. Me ha salido fácil seguir creciendo; ha sido sacrificado en cuanto a tiempo y energías, pero es como si lo hubiera hecho siempre”.

-¿Qué ha pasado con tus hijos en este tiempo?
“Me he manejado súper bien. Están en el colegio hasta las 15.30 hrs. y ahí estoy con ellos, y trabajo después en las noches”.

-Has hecho dos cosas que son difíciles. Emprender e innovar, ¿lo percibiste así?
“Sí, innovar siempre fue la idea porque encontraba que faltaba algo y que además fuera chileno. De hecho, estoy haciendo el diseño del paquete de nuevo y sale la bandera chilena y el mapa del país para señalar de donde vienen los productos.
“Hay tantas cosas para potenciar, imagínate cuantas cosas novedosas se pueden hacer. De hecho, estoy a punto de sacar otro Tika que nadie ha intentado y quiero tener tres tipos distintos”.

-¿Qué trabas has encontrado?
“Todas, emprender en Chile es difícil. La gente te pone problemas, hay miles de papeleos y burocracia; además, se ríen de ti, de tu inexperiencia y sólo después de que ven que lo lograste te empiezan a pescar más.
“En Chile no hay maquinaria, hay que buscar todo fuera, en Brasil, Argentina o México, lo que ha sido difícil porque nadie vende de segunda mano. Ahora estamos innovando para que la absorción de aceite sea distinta y de verdad se coma un producto con 40% menos de calorías”.

-¿Y el financiamiento?
“Al principio fue poco y a medida que fui creciendo fui sacando de todos lados. Gracias a Dios me prestaron y no necesité endeudarme y como nos ha ido bien, todo lo que he ganado lo he reinvertido. Además, me gané la línea 2 del capital semilla de Corfo y con eso estoy implementando la planta nueva”.

-¿Por ser mujer ha sido más difícil?
“No, cuando uno demuestra que tiene ganas de hacer algo la gente da la entrada. Todo depende de la convicción que uno demuestre en las cosas que quiere hacer. Estaba tan segura que tenía un producto rico, que era mi guagua, siempre tuve buen recibimiento, la gente me quiso apoyar. Estoy sorprendida de la calidad humana de la gente cuando uno quiere innovar y emprender. Hay personas que me han ayudado con el envase, otros en capacitarme en contabilidad, siempre hay mini ayudas en el camino que van cayendo cuando las necesitas. Como que quieren que resulte”.

-¿O sea, emprender en Chile es bien contradictorio? ¿Los que ponen dificultades vienen del Estado?
“Sí totalmente, todo lo que son los permisos fitosanitarios... te demoras en que te vayan a visitar; el tema de los contratos, ahora es cuando se entiende lo que se llama flexibilidad laboral”.

Dice que no quiere crecer a tontas y a locas, pero como no tiene stock, cree que el mercado le dice que todavía tiene espacio por explorar. Su próximo desafío es bajar los costos de producción para que sus snack puedan dejar de ser de elite y se masifiquen. “Quiero tener un 1% del mercado”, aventura.

“Esto ha sido súper intenso, pero ha valido la pena”, reflexiona. Sabe que sus hijos están orgullosos de lo que hace, aunque a lo mejor consideran que está menos tiempo con ellos, “pero me ven feliz... además mi idea jamás ha sido dejarlos botados”.

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